TESAURO

CRONOLOGÍA

ARCHIVO F.X.

MÁQUINA P.H.

LA INTERNACIONAL

PEDRO G. ROMERO

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La révolution espagnole

1936. Toledo. Profanación de una tumba en un monasterio de Toledo. Una calavera y dos cadáveres decapitados y embalsamados. Cuero envejecido y apolillado. 1’60 cm c.u. Publicado en Anti-Komintern. Das Rotbûch ubre Spanien. Berlin-Leipzig, 1937.

 

1937. París. Española acompañada de dos muertes. Pintura al óleo sobre tela. Barniz en mal estado. Craquelado. 172×140 cm. Colección Paride Accetti, Milán. Publicado en Catálogo, nº 211, pág. 164. Exposición París de 1976.

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Un amigo tiene otro amigo. Así es como esta canalla se agrupa. Como animales, unos buscan el refugio en los otros, acechan en grupo. El encargo se hacía a uno de los más conocidos carpinteros de Toledo, conocido no solamente por sus sonadas aficiones al cante y el baile y la maldad de la vida nocturna, también eran famosas sus malas artes en la arena política. Había traicionado a su padre el día que decidió apuntarse a los de la CNT-FAI. El trabajo encargado consistía en hacer fábrica de unos cajones de madera, fáciles de transportar y con capacidad para las cosas más diversas y con fuerte resistencia a las inclemencias del tiempo y los golpes y tribulaciones del viaje. En su establecimiento, tan alerta con los más negros presagios que amenazaban la ciudad del Tajo, se había hecho acopio de ataúdes, féretros y cajas de muerto, pues de distinto precio y condición los había. Consistía su trabajo simplemente en hacer aparentar como cajas de seguridad las que estaban destinadas a los fallecidos. La risa, si puede uno insinuar la carcajada ante tan sórdidos argumentos, nos la provoca el hecho repugnante de que lo que quería robarse, debemos decirlo claramente, se pensaba escondido en las tumbas que durante siglos habían acogido a nuestras hermanas del Carmelo y que estaban siendo sistemáticamente profanadas. No había tal, donde se querían haber encontrado sortijas de oro sólo se tomaron falanges desnudas obligadas a abandonar el gesto de oración que en su entierro se les había dado. Cuando entraron nuestras tropas encontraron vacías los nuevos depósitos para su recogimiento. Las que faltaban habían servido seguramente para albergar el fruto del pillaje que el gobierno rojo de la república llama en los foros internacionales defensa del patrimonio nacional. Avaricia, robo y usura fueron los signos claros que encontramos. La constante marxista dejó además, como huella de su paso, la “puzzle” hedionda de miserias fisiológicas que prodigaron en todas partes.

 

Picasso [1] había alquilado un estudio cerca de la casa de los Picabia [2]. Algunas noches se acercaba a la casa absolutamente agobiado por las presiones de los distintos comités con que la República española le urgía a terminar el gran cuadro. Picasso estaba pintando Guernica [3] y entre las pocas menciones del mismo que hizo a Picabia está el siguiente comentario: “Se trata de una tauromaquia popular, una tragedia miserable en la suelta de una vaquilla que corneo a unos cuantos mozos en el pueblo y que yo estoy transformando en obra de denuncia política. No, amigo, ahora no se trata del minotauro. España y la maldita guerra de España, ese el tema. Es un cuadro de historia, como todos los cuadros de historia. No hay batallas sin caballos ni soldados muertos. Tampoco resultan así las buenas tardes de toros.” Los Picabia lo siguieron recibiendo durante muchas noches. Sus quejas eran siempre administrativas, eludía hablar del famoso cuadro. Pero aunque no contaba nada sobre la nueva pintura, Picabia decidió aplicar al lienzo el relato arriba mencionado. Se trataba de una pintura al óleo que tituló La revolución española, en el que se representaba dos esqueléticas canijas -una adornaba su calavera con una montera torera, la otra con una flor- abrazando una Manola, de las de peineta y mantilla, envuelta en la bandera roja que dejaba entrever por detrás un paisaje sevillano típico de postal turística española. Seguramente por lo grotesco el cuadro nunca ha sido entendido como una verdadera obra de denuncia política. Seguramente este es el verdadero Guernica, el verdadero cuadro de la guerra civil española.

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Cuando te vi expirar y sentí ceder la techumbre del Carmelo, ¡cómo un fénix con las alas extendidas, su cruz quedó cortándose en el cielo! Con astas de llama y ojos macilentos, la montaña vomitaba sangre y cientos de cadáveres gesticulantes bajaban arrastrando la corriente y encima del rugir de las granadas oía el silencio de tus campanas, que han dejado ahí esas piedras rotas más allá de los años para hacer tu hogar y arder.

 

Obligación de una necesidad de deberes iguales en la intimidad cristianizante. Prodigioso instinto en la intimidad. Nervios cada día más histéricos. Entrar ahí deprisa y como una presa de perfección víctima de su talento. Existencia inmoral de ciertos cerebros mártires. Manera de envejecer más sutil y de mejor gusto al rechazar a la Iglesia en gran parte en la relación sexual. La casita es una jaula donde ella no puede volar.

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El instinto de destrucción no se aplaca, y estas furias rojas, que parecen salidas del infierno ponen su mano en los enterramientos. Con palanquetas y escoplos rompen las lápidas, descubren los esqueletos y las momias y las sacan de sus sepulcros. Con las tibias simulas a veces cruces de befa y las pasean en satánica procesión. Otras las empuñan a manera de maza, y con ella remedan los combates del hombre troglodita. Los juegos macabros terminan con aullidos que vitorean a la CNT-FAI. Hasta el polvo de las sepulturas es removido con ardor. Proclaman que en estas tumbas están enterrados los tesoros de la antigüedad y que desde la remota época que esculpen las lápidas adornan a los muertos cargas de alhajas y joyas postreras. Luego, cuando se encuentran defraudados al vaciar enteramente las sepulturas, aplastan los cráneos o los hacen danzar, lanzados como pelotas de balompié de uno a otro corro, que así se divierte y clamorea.

 

La inteligencia es oficial, es una institución, queréis fenómenos: mujeres barbudas de la pintura, o pequeños cíclopes de la literatura. Todos los artistas son jorobados; jorobas-cajitas-de-música receptivas al ritmo de la vida-castañuelas. Los fenómenos de Barnum son los bolcheviques involuntarios e internacionales de la monstruosa pintoresca; nos hacen pensar en el paro de la evolución, en la hipertrofia del pensamiento, proporcionada de manera más atractiva por el opio o la morfina. Todos los individuos fenómenos quieren ser ‘opio’ o ‘morfina’, otros, más prácticos, venden su firma-charlatán, como los pelos del culo de Mahoma o un pedazo de la cruz de Jesús, firmados para la sugestión de los esnobs.

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Las sombras de la noche nos devolvían la conversación de las hermanas que habitaban este convento. Una conversación de siglos sobre el amor a Dios, un amor incondicional, un amor que acaricia al amor humano cuando se dirige al Cristo mortal. Eran fantasmas del pasado los que hablaban. Lo que en su día no pudo deshacer la muerte lo han conseguido, en una semana escasa, el sadismo miliciano. El ocaso nos devuelve ahora, como un rumor, una cancioncilla de amor sobrepuesta al avance de los tiempos.

 

Eran tres personajes. Y Pedro de la Ilusión murmuró: “Quiere amar a José por la apariencia”. Pedro de la Ilusión ya no se acordaba de nada. María levantó los ojos, la mano, y habló para decirnos que en la relación con las personas que no tienen pudor respecto a sus sentimientos hay que saber fingir, ya que esas personas sienten un odio súbito contra las que les sorprenden demostrando un sentimiento de ternura, como si se les hubiera descubierto sus pensamientos más secretos; luego se puso a tararear una cancioncilla.