TESAURO

CRONOLOGÍA

ARCHIVO F.X.

MÁQUINA P.H.

LA INTERNACIONAL

PEDRO G. ROMERO

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José Tannuri

Febrero de 1934.  Cruz de Caravaca: la puerta. Fotografía número 1. Marcas A y B. Juez Especial, Antonio Álvarez. Policías, Joaquín Valverde, Manuel Ros, Gregorio Sánchez. Huellas dactilares, Rafael Martín. Castillo de la Santa Cruz. Caravaca. Murcia. Juzgado de Primera Instancia e Instrucción nº 1.

 

Febrero de 2007. Fragmentos vermelhos: pintura. José Tannuri. Serie EQL. Licenciado en Economía y Marqueting. Parque das Ruínas / Funarte: Vazio Transitório II. Durex arte contemporânea. Jardim de Alah. Espaço Experimental Grupo TNT. Centro Cultural Hélio Oiticica. Rio de Janeiro. Brasil.

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El sumario judicial en cuestión se paralizó en la fecha mencionada, sine die, lo que hace pensar que desde alguna alta instancia, y a la vista de los informes que el juez Manzano soto voce pudo emitir, había intenciones en bajar la intensidad de la averiguación, hasta llegar a la nada oficialmente a partir de entonces. Así las cosas, en julio siguiente, el director del Banco Español de Crédito local, a la sazón Pedro Antonio Moreno, hizo imprimir un breve texto que se repartió por toda la ciudad, ofreciendo la cantidad de 2000 pesetas, (recaudadas por suscripción popular), a quién entregase la reliquia sustraída o diera una pista fiable para su recuperación. Cantidad que (ya recaudada como se deduce del texto impreso), no se sabe ni a quien ni a donde fue a parar.

 

Tras sus trabajos en los que cuestionaba -y abrazaba a la vez- la idea de vacío decide trabajar con una serie de textos monocromáticos, empastados en una forma última y orgánica de lo que pudiera ser la pintura. El ideario político que surgía en esos textos era remitido a su condición de artefacto cultural, evaluable en una cantidad económica determinada, dando así al empaste el grosor necesario y la nitidez del mensaje que vehiculaban estos cuadros. Era consciente, por tanto, de que el poso de sus ideas no tenían un fácil acomodo en la producción de objetos-mercancía para el gran mercado del arte. ¿Qué hacer por tantos con esas cuestiones que tanto preocupan al artista? ¿Cómo hacer para que no acaben llenando el inmenso almacén de un museo de arte o la contaminación visual de un mundo gestionado por redes telemáticas y visuales que todo lo igualan y reducen a fungibles y consumibles propios?